
Jorge Rivas recibió en exclusiva a Política Argentina y clarificó muchos conceptos de la coyuntura política. El diputado criticó al líder de Proyecto Sur, hizo un análisis de las luchas históricas de los movimientos populares y reconoció que renunció a la posibilidad de “alguna vez entender al peronismo”.
El contenido de las respuestas evidencia que el diputado socialista Jorge Rivas mantiene los conceptos que le dieron toda una vida de militante. A medida que Política Argentina va haciendo las preguntas, las letras empiezan a aparecer en pantalla, presentadas por una voz en off que es parte del sistema informático que le permite comunicarse. En muchos de los casos, no es necesario que aparezca entera la respuesta; el contenido se comprende con las primeras palabras. Ése es uno de sus mayores méritos: hacerse entender por el ciudadano de a pie.
¿Cree que es defectuoso, partiendo desde una concepción estructural, que haya más individuos que partidos?
-No cabe duda de que la atomización o fragmentación de las llamadas fuerzas del campo popular y progresista, ha sido históricamente funcional al avance de la derecha y entre otras razones gravitaba para que ella se produzca el fuerte dogmatismo ideológico. Ahora, la división que presenta el arco opositor se debe a la ausencia de un proyecto común y a que lo único que los une por momentos es su común irracional y visceral odio a todo lo que se insinúe como peronismo. Tal vez, más para analizar psicológicamente que políticamente.
¿Coincide que el kirchnerismo tiene un piso muy alto y un techo muy bajo?
-No, creo que en la medida que entendamos por kirchnerismo a una corriente en la que convergen diversas tradiciones políticas con el claro objeto de profundizar los cambios en beneficio de las grandes mayorías trabajadoras, más allá de su supuesto techo o piso, no dudo que el proyecto va a contar con un enorme apoyo popular.
¿Qué influencia cree que puede tener el relato que crean los medios en las elecciones de 2011?
-No hay duda que los grandes medios de comunicación gravitan pero también sé que la realidad no se inventa más allá del relato antojadizo que algunos medios hagan. Además, la sociedad está más atenta.
¿No le parece peligroso que se naturalicen algunos aspectos que no deberían ser “naturales”? Como, por ejemplo, que un medio masivo presente la realidad en función de los intereses de sus empresas.
-Por supuesto que me parece peligroso.
¿Y cuáles podrían ser las consecuencias de aquello?
-El peligro sería, a mi entender, que sectores corporativos tendrían más peso que la ciudadanía, y eso sin lugar a dudas conspira contra una buena calidad democrática.
¿La clase media tiene un problema conceptual, que es que no distingue popularidad de prestigio?
-Convengamos que la mediocridad en general de nuestra clase media hace que se confunda en varias cosas, y lo que vos decís, es, y estoy de acuerdo, una de ellas.
En una entrevista que le hice el año pasado, el director técnico de River, Ángel Cappa, sostuvo que “este Gobierno no tiene nada que ver ni con la izquierda ni con el peronismo”. ¿Qué opina?
-Es relativo, pero creo que es una de las tantas y contradictorias cosas que nos ha mostrado el peronismo a lo largo de su historia. De todos modos te aclaro que ya renuncié a la posibilidad de alguna vez entender al peronismo.
Por su parte, Ernesto Laclau señaló que Pino Solanas es “esa izquierda oportunista y zigzagueante, que no es nada” y “que más bien debería dedicarse al cine”.
-Me parece una tanto descalificador. Coincido en que Pino está haciendo una lectura equivocada de la etapa y también creo que la manera destructiva de hacer política es arcaica y termina siendo funcional a los intereses que dice enfrentar.
-Hay sectores de la centroizquierda que reniegan de término “progresismo”, y optan por hablar de “movimiento nacional y popular”. ¿A usted le pasa?
-Me cuesta poner en categorías rígidas dos tradiciones que tienen intenciones parecidas, pero se conforman de distintos sujetos sociales. Creo que uno de los futuros desafíos es mixturar esas dos tradiciones para conformar una masa crítica diversa y plural que defienda intereses comunes.
En una entrevista con la revista Debate, Chantal Mouffe reflexionaba acerca de cómo plantear una política de izquierda, que no sea revolucionaria, pero que no deje de ser de izquierda. ¿Cómo se lleva a cabo?
-Es una respuesta larga, pero sintéticamente creo que hay que abandonar aquella idea determinista de que nuestro tiempo comienza cuando las contradicciones sociales se han agudizado al extremo. O, lo que es lo mismo, esperar a que todo se derrumbe para aparecer nosotros de entre los escombros para edificar una sociedad justa. El siglo 20 se encargo de demostrarnos con múltiples ejemplos que los procesos de cambios están llenos de contradicciones y una izquierda inteligente debe saber leer el rumbo general y a lo sumo juntar masa crítica para profundizar y acelerar los tiempos para que se realice una democracia avanzada.
Con la voluntad de Sísifo
“Pienso en el relato homérico acerca de Sísifo, un hombre tan enamorado de la vida que desafió al dios de la muerte. Los dioses olímpicos lo condenaron a empujar una pesada roca cuesta arriba por la ladera de una montaña. Antes de alcanzar la cima, la roca volvía a caer. Sin darse por vencido, Sísifo recomenzaba una y otra vez su trabajo (…) Como el personaje del mito, quiero llevar la roca hasta arriba. En la política también hay una utopía, que no es otra que construir sociedades justas. Sabemos que es difícil, pero la esperanza es la que nos permite avanzar hacia la meta. Como en la rehabilitación, tenemos que valorar los pequeños avances que, concatenados, son artífices de los grandes cambios.” El acápite es de una nota de opinión que Rivas escribió para Clarín, en 2009. La analogía es evidente, y el mensaje ídem: la voluntad es una condición sine qua non se concretará ningún objetivo.En su búnker del Partido Socialista de la provincia de Buenos Aires se respira simpleza, en el mejor de sus sentidos. Un cuadro con las fotos más conocidas del Che, un collage con tipografías de Página/12 y varios mensajes de fuerza, aclimatan la sala. Marcos, su prensa, nos aclara algo que sabe que sabemos, pero lo hace para cuidarlo, con esa inquietud que genera el dejar a alguien a quien queremos mucho en manos de un desconocido. Jorge nació y vivió toda su vida en la zona sur del Conurbano, en Temperley, es hincha del club homónimo y de River. Su padrino político fue el mítico socialista Alfredo Bravo y, desde entonces, siempre militó en el PS. El lunes 12 de noviembre de 2007, cuatro meses después de asumir como Vicejefe de Gabinete, el ahora diputado fue asaltado en una farmacia, en la que se había detenido para comprar una crema para la rosácea, un problema de la piel, cuando volvía de cenar en la parrilla La Picassa, con dos compañeros socialistas de Lomas de Zamora. El golpe en la cara le astilló un hueso cercano al malar derecho lo que le produjo una hemorragia que se alojó en la nuca, en el tronco encefálico, y la presión le lesionó esa zona. El ataque no le produjo ningún daño cerebral –una aclaración innecesaria luego de leer el reportaje-; sólo dañó su movilidad. Al principio sólo podía mover los ojos de arriba hacia abajo -un caso similar al del libro y la película La escafandra y la mariposa. Fue recuperando la motricidad de a poco, y en el marco de su rehabilitación, un amigo militante del PS le creó un sistema para que pudiera comunicarse. Gracias a ese programa informático cumplió uno de sus dos grandes anhelos políticos inmediatos: asumió como diputado nacional el 20 de mayo de 2008; el otro es volver a conducir el PS bonaerense. Un dato que no es de dominio público: el senador Rubén Giustiniani, aliado de Elisa Carrió y el radicalismo, fue quien dio la orden de intervenir el PS bonaerense, mientras Rivas estaba internado.El resto es historia conocida. El diputado, antes y después del ataque, sigue convencido que la lucha es contra la desigualdad. No los llama “delincuentes” a sus agresores, sino más bien “víctimas”. (El cronista confiesa que tiene que ignorar el mandato de las tripas, cuando traza un parangón entre el contenido argumentativo de Rivas y los discursos de los medios hegemónicos, la clase media cacerolera y cierta dirigencia que, si no fuera por las listas sábana o manejos corleónicos, estarían atendiendo un parripollo) Es un cuadro. Siempre lo fue. Eso es, a lo mejor, lo que más impotencia genera. La presunción de que le quedan millones de conceptos para explicar, y no puede hacerlo. Pero encontrará la forma, sin dudas. Porque tiene la voluntad de Sísifo. O de Jorge Rivas.
Fuente: politicaargentina.com